Opinión, Política

Donald Trump: la importancia de la salud mental de un Presidente

Donald J. TrumpDonald J. Trump en el Pinkerton Academy de Derry, New Hampshire (agosto de 2015). Foto: Michael Vadon.

En democracia ¿qué medidas de seguridad tiene el sistema y quién protege a los ciudadanos ante un candidato visiblemente desequilibrado? El caso de Donald J. Trump trae al centro de la conversación el debate de hasta qué punto es importante el estado de salud mental de un mandatario y cómo esto influye en la calidad de vida de todo un país.

Por poca atención que se le preste, una democracia tiene que contar con ciertas medidas que protejan los intereses de la población ante el riesgo de que alguien pueda aspirar a un cargo público sin pasar un riguroso examen psicológico. Igual que este examen es imprescindible para puestos en las fuerzas de seguridad y fuerzas armadas, concentrar un poder de la magnitud de un sillón presidencial no puede dejarse al acceso de un perfil que no cumpla ciertos requisitos psicológicos.

Donald Trump no tiene capacidad mental para desvincular su personaje de su responsabilidad como presidente.

Lo que para los votantes de Trump no es tan evidente, las muestras de agresividad injustificada, comentarios fuera de lugar, ataques verbales a grupos sociales al azar, retos y amenazas constantes desde su atril público y una larga lista de comportamientos sospechosos, son muestras de que Donald Trump no parece presentar una capacidad mental suficiente para desvincular su personaje de multimillonario agresivo, interesante para su programa de televisión, de su responsabilidad como máximo mandatario.

La personalidad de Trump a través de Twitter

Twitter es una herramienta que los políticos acostumbran a dejar en manos de especialistas en comunicación. Trump, al igual que otros evidentes casos de figuras personalistas como Hugo Chávez, Pablo Iglesias, Cristina Fernández de Kirchner, entre otros, prefiere tomar el control de su cuenta como instrumento de culto a su obra y persona.

Quien mejor expuso la situación fue Keith Olbermann, comentarista político que entrevistó a Trump en numerosas ocasiones desde los años 80.

Su espacio en la revista GQ (propiedad de Condé Nast, primer grupo editorial del mundo y públicamente enfrentado con Trump) empleó el pasado 5 de enero para describir las razones por las que Trump tiene una enfermedad:

Citando el vídeo, Olbermann comenta uno de los siguientes mensajes de Trump:

Su felicitación navideña en Twitter fue simplemente una foto de él mismo; no con su familia, no con su esposa, no con sus hijos, tampoco con su vice presidente, ni con Santa Claus, ni Jesucristo. Sólo él. ¿Quién hace algo así?“.

Dos días después, 49 días después de la elección, Trump escribió:

“El presidente Obama hizo una dura campaña política (y personal) en los estados más importantes para la elección, y perdió. Los votantes quieren una AMÉRICA GRANDE OTRA VEZ”.

Olbermann comentó:

“¿Qué tipo de persona hace esto? Ganas. Actúas como si hubieses ganado antes. No gastas tu energía en el hombre que se va marchar dentro de un mes“.

“Feliz año nuevo a todos, incluyendo a mis muchos enemigos y a todos los que me combatieron y perdieron tan mal que no saben qué hacer. ¡Amor”.

Un muy desafortunado comentario por parte de un presidente electo que decide prescindir de la diplomacia que exige el cargo y, en una inocente felicitación de año nuevo, su primer pensamiento son sus “enemigos”. Un comentario escrito desde el egocentrismo más clínico y que no dejó indiferente al comentarista:

“¿Tú harías eso? ¿Escribes eso después de haber sacado menos votos que tu otro candidato? ¿Llamarías enemigos a todos los que no te votaron?“.

En su discurso final no dio rodeos y calificó de enfermo a Trump y habló de las consecuencias que esto puede conllevar a todo el país:

Hemos elegido a un hombre que no está bien y esto no puede acabar de forma feliz para nadie. Su enfermedad –y es una enfermedadte está poniendo en riesgo a ti y a tu familia, a tus hijos en riesgo, y a mi familia y a todos los que nos rodean”.

Algo malo pasará y todo lo que haga lo empeorará y todo estará claro que no está lo suficientemente sano como para ser presidente, así que tendrán que sacarlo”.

Trump empeora la salud mental de la población

“Este período de incertidumbre y agitación puede amenazar la sensación de seguridad y estabilidad del país”

Un informe del Consejo Nacional de la Raza (NCLR), la mayor asociación de derechos civiles de los hispanos en EEUU, apunta que este “período de incertidumbre y agitación puede amenazar la sensación de seguridad y estabilidad” entre los hispanos más jóvenes, quienes presentan problemas de acceso a la salud mental y falta de oportunidades. Esta asociación también subraya un gran aumento en el acoso a estudiantes hispanos en las escuelas durante el año electoral, algo que también corrobora Southern Poverty Law Center (SPLC).

También, el presidente de la Asociación Latina de Salud del Comportamiento (NLBHA), Pierluigi Mancini, advirtió de un aumento del acoso escolar contra alumnos por el mero hecho de ser hispanos, con amenazas de que tendrán que abandonar el país, independientemente de si son ciudadanos o no.

El 90% de los hispanos menores de 18 años son ciudadanos estadounidenses

La presidenta de la NCLR recordó que el 90% de los hispanos menores de 18 años son ciudadanos estadounidenses, lo que convierte este problema en un asunto de especial interés nacional para el futuro del país, al tratarse de un caso donde, por primera vez en EEUU, un presidente realiza comentarios racistas que hacen peligrar la seguridad de una parte importante de la población.

El estudio cita el aumento de índices de depresión y tendencias suicidas entre este sector de la población, severamente afectado por problemas de pobreza y discriminación.

Donald Trump, a través de su discurso, genera una evidente violencia que repercute, directa o indirectamente, en la paz interna de todo el país.

Trastorno narcisista de personalidad

La revista Slate cuenta cómo Trump parece presentar un severo caso de trastorno narcisista de personalidad que, según la U.S. National Library of Medicine, presenta síntomas fácilmente reconocibles en él:

¿Cómo diagnosticarlo en un caso a distancia y sin disponibilidad voluntaria? Es imposible hablar de un trastorno mental sin evidencias médicas probadas, aunque el comportamiento que Trump muestra en Twitter, al igual que en cualquier lugar público, es una muestra clara de una actitud visiblemente desequilibrada.

La salud presidencial a lo largo de la historia

Durante la historia, son conocidos los casos donde un primer funcionario vio comprometer la estabilidad del país por una afección de salud física o mental.

La salud de un presidente es de interés público y está por encima de lo que se considera secreto médico.

Desde Winston Churchill, cuyo médico publicó una biografía reveladora sobre la salud de su paciente durante la presidencia, hasta François Mitterrand, caso idéntico, donde también fue objeto de un libro publicado por su médico. Este último caso llegó a la justicia francesa, quien dio la razón a Mitterrand al demandar a su médico, pero fue revertido en la Corte Europea de Justicia, quien falló a favor del médico exponiendo que la salud de un presidente es de interés público y está por encima de lo que se considera secreto médico.

Los casos de John McCain y Ronald Reagan

Más allá de una cuestión ideológica, o de temas tan controvertidos como la beligerancia de una nación a lo largo de los distintos gobiernos, a lo largo de los años Estados Unidos tuvo una fuerte tradición de respeto a las normas y de fair play democrático que, hasta la era Trump, todos los candidatos respetaron. Pero ¿hasta dónde se consideran dentro del juego las muestras de agresividad y constantes contradicciones en un candidato presidencial? Es probable que Trump muestre síntomas visibles de algún tipo de trastorno mental que, por voluntad propia, no se vayan a corregir una vez que ya se encuentra al frente de la Casa Blanca.

La campaña presidencial que disputaron Barack Obama y John McCain en 2008 tuvo a este último en la situación de competir en la carrera presidencial padeciendo un melanoma que le fue extirpado de su mejilla izquierda junto con los ganglios linfáticos de la zona. La enfermedad de McCain fue un tema habitual en las entrevistas del candidato y en todo momento contestó a las preguntas con calma y admitiendo que su enfermedad era un asunto de interés público.

Ronald Reagan y Walter Mondale

Ronald Reagan y Walter Mondale en el debate presidencial de Louisville. Kentucky (1984). Fuente: Ronald Reagan Presidential Library.

Un periodista preguntó a Ronald Reagan: “¿Qué haría usted si su salud mental fallase?”, a lo que este respondió: “sin lugar a dudas, renunciaría”.

Mucho tiempo atrás, en 1984, Ronald Reagan tuvo una muy pobre actuación en su debate contra el demócrata Walter Mondale, lo que abrió interrogantes sobre su capacidad mental. Un estudio médico reveló que las alteraciones del lenguaje que empleó Reagan durante sus dos legislaturas fueron avisos del Alzheimer que se le diagnosticó una vez que dejó el cargo. Incluso, durante su presidencia, un periodista le formuló la siguiente pregunta: “¿Qué haría usted si su salud mental fallase?”, a lo que Reagan Respondió que “sin lugar a dudas, renunciaría“.

Las enfermedades mentales de Cristina Kirchner

El periodista argentino y médico Nelson Castro publicó un libro sobre la salud de Cristina Fernández de Kirchner llamado ‘Secreto de Estado: la verdad sobre la salud de Cristina Fernández de Kirchner‘. En él se manifiesta cómo de importante es el estado de salud mental del primer funcionario de un país.

“Cristina presenta varios trastornos psiquiátricos que derivan en la incapacidad de reconocer la realidad o escuchar al otro”

El caso de Cristina resulta de especial agudeza al acumular hasta cuatro afecciones mentales: bipolaridad, síndrome de Hubris, síndrome de Moria y atrofia del lóbulo frontal bilateral. Todos importantes trastornos psiquiátricos que derivan en la incapacidad de reconocer la realidad o escuchar al otro, además de realizar intervenciones fuera de contexto, como esta donde realiza un comentario desubicado en la inauguración de una línea de tren que tiempo atrás se accidentó, dejando más de 50 muertos.

La Unidad Médica Presidencial debe ejercer un poder independiente del interés político de su paciente

A lo largo del libro, y en numerosas entrevistas, Castro hace referencia a la función que ejerce la Unidad Médica Presidencial argentina y el complejo caso que encontró en Cristina, una paciente a quien no se podía contradecir y cuyo poder causaba conflicto de intereses entre los médicos presidenciales y su paciente, ya que dicha unidad médica debería ejercer un poder independiente que no es tal al estar sometido al interés político de su paciente. Traducido, significaría la imposibilidad de evitar que Cristina rechazase continuar con su tratamiento de trastorno de bipolaridad, dejando que esto afecte a sus decisiones políticas, tomadas siempre desde la desatención médica y que afectaban a la administración del país.